lumminiscències

Como el mismo título indica: luces intermitentes

La dignidad del alma no es arrogante.

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Cuando intentamos justificarnos ante los que nos acusan de algo, aún que no lo hayamos hecho, todas esas explicaciones van a reforzar esa acusación.

Curiosamente las muchas de las veces ocurre así. Nos enredamos en dar explicaciones y como hay en nuestro interior ese temor a que se nos “cuelgue” esa etiqueta, nos enmarañamos y aún quedamos más atrapados en la maleza.

La explicación de eso está clara; quien quiera acusar no cejará en su empeño, tanto si tiene razón como si no. Nuestra posición correcta ha de ser la de la dignidad de dejar que la verdad salga por si misma, y lo hará, pero seguro que no en ese momento. Si no nos alteramos después de haber intentado aclarar la situación…, tendremos esa dignidad que requiere el alma y que reclama el alma.

En ese estado de dignidad no arrogante, el ambiente de enojo se irá apaciguando, tanto en el exterior como en el interior de todos los que se hallen alrededor. La fe de que la verdad saldrá en su momento nos dará esa fortaleza. Y si nunca lo sabemos, tampoco importa. Lo que importa para nosotros es que no habremos sucumbido al terror de la difamación. La dignidad del alma no es arrogante.

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