lumminiscències

Como el mismo título indica: luces intermitentes

EL COLLAR DE BRILLANTES

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           ¿Qué impresión tenemos de nosotros mismos y de los demás?

Aunque no lo parezca, estas dos visiones están muy relacionadas; según como yo esté será la visión sobre los demás. Os habrá pasado alguna vez que, de tan contentos que nos sentimos por algo que nos haya ocurrido, hasta iríamos y abrazaríamos a la gente con quién nos cruzáramos, ¿verdad?  Es exactamente eso.

El Padre Supremo, el Alma Suprema, de todas nosotras las almas, nos recuerda que nos ha dado un regalo en estos tiempos; un collar. Un collar de brillantes refulgentes que ha colgado alrededor de nuestro cuello.  Él dice: “¿no lo veis?  Yo os lo he abrochado y ¡lucís tan bellos! Miraos los unos a los otros, ¡contemplad como brilláis!  Miraos las caras, estáis espléndidos con ese collar de cuentas fulgentes. Cuidad que estén bien colocadas las piedrecitas para que refuljan siempre.  Si alguien cree que no lo tiene…, buscadlo porque lo habéis perdido, Yo os lo he dado a todos.”

En India, los collares, guirnaldas y rosarios se les llama “mala” Este “mala” que Dios nos ha dado a todos, no es ni más ni menos que todas nuestras virtudes intactas por derecho de nacimiento que existen en el alma de cada uno.  Las cuentas brillantes de la honestidad, serenidad, altruismo, fe, consideración, amor, valentía, introspección, discernimiento, cooperación, determinación…etc., forman ese “mala” Divino que adorna nuestro cuello.  Él nos dice que cuidemos que las cuentas estén siempre bien puestas, no sea que se hayan vuelto del revés y no brillen; o que lo busquemos si no lo tenemos, porque se nos habrá caído.  Busquémoslo en nuestro interior, está ahí, cubierto de todas las sombras que hemos recogido del exterior.

Hay una historia de unos monjes cristianos en un monasterio que su rector estaba muy preocupado porque veía que las cosas no andaban bien entre ellos. Cada vez había más recelo, desconfianza entre ellos y crecía una gran falta de fe. Así que llamó a un monje budista y le explicó el caso.  El monje budista les habló a todos:  “Cristo está entre vosotros”  A partir de ese momento, los monjes empezaron a mirarse los unos a los otros con el interés de averiguar quién podría ser de entre ellos.  Ese interés obró el milagro de la consideración del otro y la fe volvió a ocupar sus corazones.

También hay la historia de los dos lobos que hay en cada uno: uno que es oscuro y el otro luminoso, que contínuamente se están peleando.  Y a la pregunta:  ¿Quién de ellos ganará?  Se colma con la respuesta:  ¡Al que se alimente!  Da a la diana en todo su centro.

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