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La contínua búsqueda de una misma

CIENCIA, EL DIOS DE ALGUNOS, o, paraíso y tecnología.

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Conversando distendidamente con alguien en quien la ciencia ocupa un lugar principal en su corazón más que en su mente, surgió, como es de esperar cuando en el otro interlocutor su corazón lo ocupa Dios, la simbiosis ciencia/espiritualidad. Es interesante compartir amigablemente estos sentimientos encontrados y contrapuestos; de estas conversaciones pueden emerger grandes hallazgos. No en vano ciencia y espiritualidad nacen de un mismo concepto que les hace avanzar: el silencio.

Le comentaba que Dios, el Padre, nos dice que en estos momentos la ciencia ha llegado al 75% de su desarrollo. Él se sorprendió mucho por mi inesperada revelación.

-¡Ah!, ¿solo nos queda un 25%?- comentó con un tono de decepción.

Supongo que, como a mí, pasó por su mente que un veinticinco por ciento, partiendo de donde se encuentra la ciencia ahora, no es un gran recorrido para poder desarrollar todo el potencial que se intuye puede ofrecer. Y le dije:

-Imagino que Se refiere a lo que el cerebro humano puede desarrollar, tal y como tiene la capacidad de discernimiento en estos momentos finales del ciclo del mundo.

Durante 5000 años la eficacia del cerebro igual como el estado del cuerpo, se ha ido degradando poco a poco al principio y a partir de la mitad del ciclo, unos 2500 años atrás, lo ha hecho de forma vertiginosa, aunque parezca lo contrario debido al avance de la ciencia. Pero estamos llegando al tope de lo que en nuestro estado podremos alcanzar tecnológicamente hablando.

Esas almas científicas guardarán en ellas todo lo aprendido; nos llevamos nuestros estudios y experiencias cuando dejamos nuestros cuerpos viejos, y, desarrollamos nuestros potenciales cuando tomamos nuevos cuerpos que primero habrán de crecer. Después se sentirán atraídas otra vez por esos mismos temas de los que ya no partirán de cero: lo que es llamado un don, “cerebrito”, superdotado, etc.

El Padre nos está relatando cómo va a ser el mundo nuevo, el paraíso; nada que ver con la romántica, bucólica y naif visión de seres humanos deambulando y danzando desnudos en medio de la naturaleza que nuestra cultura nos ha inculcado desde niños. Va a ser más parecido a ese futuro que la ciencia ficción de antaño nos mostraba en films futuristas; hemos llegado y superado ya la cronología que se auguraba en ellos, poseemos alta tecnología pero no el bienestar de un mundo mejor que nos dibujaban. Ahora la ciencia sirve para todo lo contrario para lo que fue creada.

Esas almas científicas van a regresar con todo lo aprendido al mundo nuevo, el paraíso, con un cuerpo que no enfermará, que nada se parecerá al que tenemos ahora (solo funciona el 10% del cerebro aprox.) ¡Imaginemos de qué será capaz la ciencia en esos momentos, del principio del ciclo, con un cuerpo y una mente así! No se llamaría paraíso si existiese la maldad.

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